Llevábamos unos meses sin escribir en
el blog, pero no por falta de ganas ni de experiencias que compartir,
sino porque tenemos tantas ocupaciones que no conseguimos parar un
rato para dedicarle tiempo. Y una de estas ocupaciones, mejor dicho,
dos de estas ocupaciones son nuestras hijas.

Niños realizando una importante investigación
Sara empezó ya el cole “de mayores”,
y las dudas y miedos iniciales se van convirtiendo en ilusiones
nuevas, muchos amigos y ganas de aprender y descubrir. Su emoción
por aprender los números y contar, y también por conocer las
letras, contarlas y ordenarlas nos recuerda que la capacidad de
aprender que tiene ahora no la volverá a tener cuando vaya
creciendo. Aunque a veces resulta cansado es muy divertido buscar
respuesta para las preguntas que nos lanza sin parar, y no todas
sencillas, por cierto.
Y cuando la vemos como canta y baila,
por la calle y en casa, y lo contenta y sonriente que va siempre nos
decimos por lo bajo: ¡Qué edad más bonita!
Luego viene Cristina, que con 18 meses
repite todo lo que le oye a su hermana, con ese lenguaje tan
divertido que tienen los pequeños. Apenas hace 3 meses que se soltó
a andar, pero ya le gusta saltar en la cama (sa-tá,
en su idioma), trepar el sofá para apagarnos la luz (su-bí), hacer volteretas en la cuna (lo aprendió imitando a la hermana)
y subirse a la sillita para ver como cocinamos (a-í-ba). Va
dejando atrás su etapa de bebé, y empieza a marcar su personalidad
y a ocupar un lugar muy claro en la familia.
Y cuando la vemos echarse encima de su
hermana, reír a carcajadas, o la escuchamos cantar el cumpleaños
feliz y otras canciones caseras, nos decimos por lo bajo: ¡Qué
edad más bonita!
Es cierto, cada edad es tan distinta y
crecen tan rápido, que parece que si parpadeas te vas a perder los
avances, así que intentamos disfrutar de cada día, acompañarlas y
crecer con ellas, y ser conscientes del momento tan especial que
supone cada etapa de la infancia.